Educación sexual: la asignatura pendiente. Entrevista con Laila Pilgren.

Educación sexual: la asignatura pendiente. Entrevista con Laila Pilgren.

La sexualidad debería ser una asignatura más y seguir la misma lógica que las matemáticas, en las que los padres intervienen junto con los profesores”.

Hace poco, iniciamos una conversación sobre pornografía y menores. Hoy, seguimos ahondando sobre el concepto de educación sexual con una reconocida profesional del sector en España.

Laila Pilgren ha dedicado su vida profesional a hablar sobre sexualidad, con grandes y pequeños. Empezó en 2012, creando la Sex Academy, una academia de sexualidad para mayores de edad que ya tiene sede en Barcelona, Madrid, Valencia y Miami (EEUU). Tras multitud de proyectos, conferencias y entrevistas, esta trayectoria impresionante de creatividad y emprendeduría dedicada a conversar sobre sexo alumbró en 2019 la Otra Educación. Su equipo de profesionales ofrece formación en educación sexo-afectiva para menores, educadorxs, padres y madres, tanto en la escuela como fuera de ella.

Laila Pilgren en el programa de televisión de TV3 “No Pot Ser” sobre sexo digital,
con Jordi Basté

Para Laila Pilgren, hablar de sexualidad en la sociedad española, que “tiende a ocultarla”, es esencial. Conversamos con ella para saber cuándo debe impartirse la educación afectivo-sexual y qué contenido debe abarcar.

¿Por qué nace la Otra Educación y qué acogida ha tenido desde su lanzamiento (2019)?

Todo lo que es educación, me interesa muchísimo. Desde la pedagogía pura y dura hasta el contenido. En paralelo al Mobile World Congress se celebra el YoMo (Youth Mobile Festival), un congreso para jóvenes. Tiene un componente tecnológico que me interesó. Hablé con Jeremy, el director, y en principio el YOMO está pensado solo para lo que llaman “science, technology, engineering and mathematics” (las llamadas STEM) y le dije “Darling, why don’t we do sex?” y él aceptó. Creo firmemente en la necesidad de una educación sexual y donde veo un hueco, meto lo que creo que debe ir. En este caso, talleres de educación sexual en un evento muy grande, en Barcelona. Y de ahí, en adelante: institutos, colegios… Y he tenido la suerte de ser llamada por la Generalitat de Catalunya para reunirnos y ver cómo diseñar la educación sexual en los colegios, porque la quieren implantar en las escuelas, desde la edad de escolarización obligatoria. Esperamos que vaya para adelante.

¿Hay diferencias entre la educación afectivo-sexual para adultos y aquella para menores, niños o adolescentes?

En el fondo, no. El contenido es el mismo, pero la manera de explicarlo es diferente. Usas un vocabulario adaptado a las edades de los niños para referirte a prácticas sexuales o al sexo, y también lo haces para la parte afectiva. Pero más allá de adaptar la terminología, o dar ejemplos o emplear metáforas para que el mensaje llegue, el contenido es el mismo. Cuando hablamos de comunicación, que es un tema muy prioritario y muy importante dentro de la educación sexo-afectiva, lo hacemos con el mismo contenido para un niño y para un adulto. Ambos tienen que aprender a decir que no y a decir que sí. Se trata de forma diferente con adultos y menores pero, de hecho, es más fácil con los niños. Porque los adultos tenemos todos esta mochila y nos cuesta hacer un cambio de mentalidad o abrir la mente a algo que sea diferente a lo que pensamos que es nuestro código de valores.

¿Dentro de la educación sexo-afectiva, a qué se refiere específicamente la parte afectiva?

A temas como el consentimiento, la comunicación, los tipos de relaciones, la orientación sexual… En realidad, desde la sexología ya se habla de la afectividad, pero se ha añadido para que la gente entienda que es una educación que va más allá de la sexualidad. Hay quien cree que la educación sexual consiste en enseñar a los niños de 6 años a tener relaciones sexuales, pero no es así. Añadir la parte “afectiva” en el título tranquiliza a esas personas.

¿Y qué se le enseña a un niño de primaria en la asignatura de educación afectivo-sexual?

Se le va a enseñar a nombrar las partes de su cuerpo con los nombres adecuados. Sin eufemismos, que hacen que sea más abstracto para ellos. Hay definiciones que son necesarias: los niños necesitan tener palabras para referirse a las cosas. Muchas veces, hasta que no nombras algo, es como si no existiera.

Para educar sobre el abuso, hay que explicarle a un niño de 3 años que su cuerpo es suyo y que no cualquiera puede tocarlo. Para hablar de igualdad, hay que empezar a esa edad. Cuando hablamos de educación sexo-afectiva, también nos referimos a cuestiones de género, y eso no se debería empezar con 30 años, porque ya es tarde. A los niños de 3 años hay que enseñarles que hay niñas con pene, niñas con vulva, tipos de familia, tipos de orientación sexual, consentimiento… toda una serie de cosas que luego naturalizan muchas otras.

¿Y qué ocurre si no se hace? ¿Qué mejora supone esto para los niños, los padres o la sociedad?

Vamos a evitar bullying por cuestiones como la homofobia o incluso por el aspecto físico. Es muy importante tratar la gordofobia, que ya tiene nombre, o los trastornos de la conducta alimentaria. Todos estos problemas están generados porque hay un estereotipo y, si te sales de ello, ya no estás dentro de lo normal. En cambio, si desde pequeños les enseñamos que todo está bien y que no juzgamos a los demás, que cada uno es libre de sentirse de una manera, de identificarse de una manera, y nosotros responsables de respetarlo, evitamos este tipo de conductas. También abusos entre menores o de adultos a menores, vamos a evitar las dos cosas. Y, en general, el desprecio que viene del desconocimiento o de la falta de educación.

¿Y si esta educación afectivo-sexual no se da en las aulas, qué ocurre? Por tu experiencia, ¿cómo se educan en sexualidad los menores?

El grandísimo tanto por ciento, con la pornografía. ¿Por qué? Porque es una generación que tiene Internet en la palma de su mano. Al tener Internet en sus móviles, tienen acceso al porno. Hay quien tiene puesto el control parental: fantástico, enhorabuena por el esfuerzo. Pero en la prohibición no está la solución, por varias razones: 1) seguro que tu hijo o hija es más hábil que tú. Has puesto el pin y tu pequeño lo va a quitar. 2) Tú lo has puesto, pero las estadísticas demuestran que una mayoría aplastante de imágenes pornográficas se ven desde el dispositivo de los amigos, quienes enseñan imágenes en sus pantallas. Contra eso, como padre, puedes quitarle los datos móviles, ponerle el pin parental, pero es inútil porque la gran mayoría lo ve desde el móvil de otro. En casa, igual con los ordenadores, que están conectados a Internet. Es ridículo pensar que podemos prohibir, y lo mejor que podemos hacer es educar. Dar un contrapunto a lo que están viendo en el porno, porque hay que dar por hecho que lo van a ver.

¿Y qué están viendo en el porno?

Lo que están viendo es mucha violencia. Hicimos hace poco una compilación de vídeos gratuitos, on-line, con búsquedas muy simples, y se la mostramos a un grupo de padres. Algunos de ellos acabaron casi vomitando. Y esta violencia a la que me refiero es hacia las mujeres. Las mujeres como objeto, como no protagonistas de su propia sexualidad. Quiero puntualizar que no estoy diciendo que el porno sea el diablo, lo que digo es que, como padres, como adultos, no podemos dejar la educación sexual en manos del porno. No es una lucha contra el porno, sino que es una lucha contra el porno como única herramienta de educación sexual de nuestros jóvenes y adultos.

Hay quien dice que el porno es ficción y que todos sabemos identificar que eso es así. Pero la mayoría de personas que estamos hablando de esto no hemos crecido con esas imágenes. En España, hay menores que ven pornografía desde los 8 años. Por eso creo que es importante hacernos la pregunta: ¿si un menor crece con ello, puede tener un impacto en su ideario sexual y por tanto en su futura vida sexual?

Rotundamente sí. Por varias razones: La primera es que el cerebro del niño todavía se está formando. Por eso aprovechamos para darle formación en historia, por ejemplo. Aprovechamos ese momento en que el cerebro es todavía plástico, porque lo que se aprende entonces, permanece. Ocurre igual con el porno. La información permanece. Cuando en el aula aprenden sobre la revolución francesa, pueden acudir a sus padres y hablarlo, o buscar un tutorial on-line. Pueden ventilar sus dudas. Pero cuando tienes 12 años y ves porno en tu móvil, sabes que es un tema que no puedes hablar con nadie porque es tabú. Y además, es la única referencia que tienes sobre el sexo. Tal vez alguien te ha dicho, o has escuchado, que el porno es ficción. Pero entonces… ¿cuál es la no ficción? ¿Con qué comparas eso? ¿Cuál es la realidad entonces? El problema nace de no dar una alternativa. No tienen contrapunto para la ficción que es la pornografía.

Los niños y niñas, ¿reaccionan igual a la pornografía que ven?

Reaccionan igual en el sentido de que les afecta de misma manera. Pero reaccionan diferente en el sentido de que cada uno adopta un rol. Y esa es la trampa del machismo presente en la pornografía que ven: enseña un rol de hombre y un rol de mujer. A ellas, nadie les ha dicho que ese rol en realidad es machista. Y lo adoptan como propio, llegando a pedirlo o desearlo y a perpetuar el machismo.

También hay niños y hombres que no están a gusto con ese rol que se muestra. Aquellos que quisieran hacer petting [1] durante horas, pero tampoco se les permite porque no es ese el rol que se ha enseñado. Esto afecta a los dos sexos.

¿Crees que el porno ha evolucionado en los últimos 10 años?

Se ha violentado a lo largo de los años. El nivel de violencia se ha incrementado, no sé exactamente por qué. Y los menores ven el porno actual.

¿Crees que la pornografía ética podría ser una manera de educar en sexualidad a los menores?

No creo que la pornografía ética o feminista sea apropiada para menores. Es otro cine, para un público minoritario. Pero no se puede emplear para enseñar sexualidad, igual que no utilizarías el cine en francés para enseñar historia. No estás haciendo educación sexual, no tiene nada que ver. Estás enseñando otras imágenes, que son ligeramente más diversas. Pero como educación sexual, desde luego, no. La educación sexual no solo pasa porque de 4 protagonistas de una película, 1 sea de origen diferente al resto. Pasa por plantear cuestiones como la comunicación, el consentimiento o la igualdad, lo que no hacen las imágenes pornográficas, ya sean provenientes del porno llamado ético o del convencional. Además, el porno que llamamos ético o feminista nunca es gratuito. Y por tanto, los jóvenes, que son quienes necesitan una educación sexual, no pueden acceder a él.

Para terminar, si la educación sexual no debe darse a través de unas imágenes de contenido pornográfico, del tipo que sea, ¿se debe dar en el aula? ¿Complementado por los padres?

Si la sexualidad fuera una asignatura más en el colegio, no nos haríamos esta pregunta. La sexualidad debería ser una asignatura más y seguir la misma lógica que las matemáticas, en las que los padres intervienen junto con los profesores. Si hay algo que complementar, se acude a actividades extraescolares. Podría haber una academia de sexualidad o normalizarse consultar a profesionales de la sexualidad. Las nociones deberían estar integradas en el sistema educativo, pero para dudas particulares existen las sexólogas. No hay que inventar nada.

*

Si te interesa consultar nuestro artículo sobre menores y pornografía gratuita, con el que iniciamos esta conversación sobre menores y pornografía, pincha aquí.

[1] Petting: caricias íntimas sin que haya penetración, encaminadas a incrementar la excitación sexual de la pareja.

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